14 jul. 2009

UN LIBRO SOBRE LA FRONTERA

La familia Baeza esta muy contenta porque mi hermana Brígida Baeza publicó su segundo libro "Fronteras e identidades en Patagonia Central" (1885-2007), sobre la vida en la frontera argentino chilena. Es un libro que si bien habla de la historia de la región también aborda indirectamente la vida de nuestro padre, Tristán.

La presentación será en agosto y también te invitaré a compartir este momento oportunamente. Por ahora solo te cuento que el libro fue editado por Prohistoria y pronto estará también en las librerías de la región.

AQUI EL PRÓLOGO

Desde fines del siglo XIX y en casi todo el siglo XX, agentes y funcionarios del Estado, cuando no regimientos enteros, se acercaron a las zonas de frontera en procura de su reconocimiento, marcación, ocupación y defensa. Se trazaron mapas sucesivos, muchas veces contradictorios entre los países. Se celebraron tratados, a veces parciales, a veces inconsistentes. Desde cada centro político, la periferia fronteriza fue imaginada como zona de riesgo, como tierras vírgenes que podían ser violadas, penetradas por un vecino percibido como enemigo. Las fantasías militaristas implicaban concepciones fuertes acerca de los límites entre las naciones, condensando en esa geografía política un capítulo del pensamiento sobre las relaciones entre los países de la región.Ese nacionalismo, que fue hegemónico durante décadas del siglo pasado, produjo un efecto poderoso: asoció la idea de nación y la idea de soberanía a las perspectivas paranoicas de invasiones vecinas, a las nociones de desintegración regional, al autoritarismo y al militarismo. Esa experiencia secular también implicó que vastos sectores sociales, que con razón rechazan esas rivalidades absurdas e interesadas así como todas las formas despóticas, impugnaran en consecuencia toda idea de nación y soberanía. Si el militarismo impedía pensar a las fronteras como objeto de estudio de ciencias sociales críticas, incluso por alusiones a motivos de seguridad nacional, las perspectivas antimilitaristas muchas veces alentaron un populismo que idealizaba la “integración desde abajo” resaltando aspectos fronterizos que hacían dinámicas las relaciones “trans” y socavaban identidades perimidas y soberanías autocráticas. Pero ese wishfull thinking era básicamente un obstáculo epistemológico en la medida en que el investigador pretendía mostrar que la frontera era como a él le gustaría que fuese.

Cuando uno lee trabajos donde todos son cruzadores de frontera políglotas, multi o interculturales, encarnaciones de poesías latinoamericanas, recuerda observaciones que se le han hecho inclusive a grandes antropólogos: demasiado bueno para ser cierto. Incluso, tiempo después uno permanece preguntándose si efectivamente esa condensación sería tan buena como esa mirada celebratoria postulaba. Pero como se trata de cuestiones normativas o ético-políticas, no tiene interés considerarlas aquí.

Este libro de Brígida Baeza es parte de una tercera perspectiva teórica, cuyo interés no radica en producir efectos sobre la frontera o en que la frontera nos ofrezca lecciones etnocéntricas acerca de nuestras propias imaginaciones identitarias.

La autora pretende y logra de manera aguda comprender las fronteras, a sus habitantes, a los agentes que intervienen en ella. A través de su intensa narración y de su análisis, busca comprender y que comprendamos con ella múltiples puntos de vista que constituyen, en cada momento histórico, la configuración fronteriza. Desde una perspectiva histórico-antropológica, analiza el proceso de fronterización en Patagonia Central comparando los pasos de Futaleufú y Coyhaique. Hace mucho tiempo, en su Marret Lecture, Evans-Prithcard señaló con elocuencia la relación estrecha de la antropología y la historia, procurando separar a la primera no sólo de las ciencias de la naturaleza, sino también del postulado de una sociología de la “sociedades primitivas”.

Se trata de reconocer una diferencia en el tiempo o una diferencia en el espacio.Una diferencia de significación y de puntos de vista. Una diferencia que la contemporaneidad destruyó como distancia espacio temporal, en el sentido de que hoy hay diversidad en cada espacio, pero que por ello mismo tornó más urgente el estudio de esas perspectivas distintas. Brígida Baeza reúne de manera ejemplar el paciente trabajo de archivo del historiador que mira el pasado con el no menos paciente trabajo del antropólogo que observa y dialoga con sus contemporáneos. De allí deriva la complejidad fundante del riguroso estudio que el lector tiene entre manos: la larga duración y la comparación de dos fronteras, cada una percibida desde cada lado.

Su pregunta no es cómo ella va a construirnos un fronterizo útil para nuestros debates y dilemas, sino cómo agentes diversos y habitantes de orígenes contrastantes y trayectorias sociales múltiples hacen una historia, un archipiélago de historias que sedimenta en el habitus fronterizo. Habitus imposible de reificar porque si hay algo subrayado aquí es el proceso, la transformación, en ese sentido la contigencia. Pero una contingencia que produce efectos en las clasificaciones sociales y las afiliaciones identitarias. Estas tantas veces llamadas “dimensiones simbólicas” no son realmente dimensiones, porque como puede verse en las páginas que siguen esas categorías se encuentran imbricadas con desigualdades, jerarquías, emociones muy reales y concretas.

Actualmente, palabras como globalización e integración están tan de moda como la presuposición de la desaparición de las fronteras y las naciones. La autora muestra que eso, para bien o para mal, permanece en las expresiones de deseos de ensayistas que no conocen los procesos sociales que vivencian habitantes de carne y hueso.Habitantes para los cuales las marcaciones nacionales no tenían mucho sentido hacepoco más de un siglo atrás y en los cuales esas categorías tienen hasta hoy sedimentos poderosos y activos. Se despliegan entonces las diferencias de cada caso y situación, atravesados porprocesos distintos de provincialización, migración, relaciones con el estado y los pueblos indígenas. En ese contexto, interesa subrayar, en un diálogo con interpretaciones simplistas de Elías, que los outsiders son un efecto social general, para los cuales resulta contingente y muchas veces irrelevante la variable sociológica de “tiempo de residencia”. No es poco mostrar –como muestra Brígida Baeza– que “los grupos sociales denominados fundadores, pioneros, patriotas, establecidos o nyc, construyeron una representación del tiempo de residencia independientemente de una noción objetiva del tiempo real”. En otras palabras, el “tiempo de residencia” es una fabricación política que viene a legimitar una desigualdad social cuya sociogénesis debe reconstruirse en otros lugares.

El lector encontrará en este trabajo varias perlas como esta, que siguen las huellas de las experiencias sociales de cada grupo y que dan cuenta acabadamente de que los pobladores fronterizos son agentes de su propia historia en circunstancias que no han elegido. Circunstancias de las cuales no sólo forma una exterioridad constitutiva de la frontera, como puede ser el estado central, sino también los otros agentes locales ya que no se presupone, ni se encuentra, en ningún caso, una homogeneidad de sentimientos, significados o identidades. Ahora sí, después de estas complejas mediaciones teórico-metodológicas, esas historias divergentes nos interpelan acerca de nuestros propios dilemas.

Queda por decir que con esta obra Brígida Baeza ha realizado una doble contribución. En primer lugar, al conocimiento y comprensión de nuestra región a partir de las voces y vidas de las personas y los grupos. En segundo lugar, a las perspectivas teóricas sobre fronteras que encontrarán también, en este estudio, una gran cantidad de datos que muestran que el análisis sofisticado se encuentra compelido a escapar a las dicotomías fáciles y renuentes de la historia y del conocimiento local. El lector tiene en sus manos la obra de mayor envergadura que ha escrito hasta hoy una investigadora que, estoy seguro, producirá otras significativas contribuciones en el futuro.

Alejandro Grimson, Buenos Aires, octubre de 2008

1 comentario:

  1. sebastian romero3:17 p.m.

    Felicitaciones por el recate historico/familiar!!!
    Veoque es de familia el tema de la investigacion.....

    ResponderEliminar