25 mar. 2006

Sobre el suplemento de la Revista Ñ de Clarín

Comparto con ustedes la opinión del poeta Rubén Gómez, y aclaro que no fue el único que se expresó sobre el contenido del suplemento, muchos consideraron que no representa la diversidad de producción culturales de la provincia. El suplemento buscó "limpiar" las diferencias sobre todo entre galeses y originarios, y aprovechar una vez más la supuesta armonía entre los pueblos, de la misma forma que lo hacen para vender turísticamente lugares como Esquel. La lucha de mapuches y tehuelches de la cordillera por ponerle nombre a sus problemáticas vinculadas al acceso a la tierra tampoco están presenten aunque era de esperar.
Los artistas callejeros, que en forma autónoma recorren la provincia dibujando sonrisas en las caras de los chicos de los pueblos tampoco están allí. "La cultura también es un recurso econónomico" , y podemos varios ejemplos de ello.
Sobre las ausencias, un grupo de escritores de Comodoro Rivadavia planeaba realizar un escrito, no sé si finalmente se concretó. En Comodoro duele la ausencia de "hacedores" locales.
Y comparto con Rubén la existencia de políticas culturales y sociales, que premian la "adulación", y no promueven la creación, respetando la diversidad es evidente.
Hay gente que trabaja en "soledad" pero por decisión, porque además el estado ya ha conseguido que no se le reclame que cumpla con su función de promotor.
En Comodoro hay un movimiento cultural interesante que se ha ganado el repudio "de la opinión pública", que a través de las radios incluso ha llegado a pedir sanciones para ellos. Se trata de quienes cada noche recorren la ciudad, empleando el graffiti y el estencil, como recursos para denunciar las prácticas de sanción y en algunos casos represión implementadas por el gobierno. Ellos no le piden nada a nadie, y generan cultura. El movimiento también esta en Trelew y en Esquel, son hoy quienes denuncian las prácticas de un gobierno cada vez más autoritario.
Bajo la misma lógica se inscriben otros, que sin ser "renombrados artistas", trabajan diariamente y luchan incluso contra la falta de recursos.
Entiendo que la cultura, como la educación, deben promover sobre todo la libertad de pensamiento, y la generación de un pensamiento propio, que no sólo alcance a los artistas sino a todos los integrantes de la sociedad.

Nota: Creo también que en la diversidad cultural de Comodoro, tienen un aporte valiosisimo miles de migrantes chilenos, que en más de una ocasión son negados, discriminados y continúan siendo víctimas de prácticas violentas institucionalizadas.




El texto de Rubén:

I -“Las grandes distancias y la vastedad de territorio marcan en Chubut una soledad cultural paradójica: su producción no se vincula a las industrias culturales pero lo que se pierde en difusión se gana en libertad expresiva. La voluntad creativa reemplaza la ausencia de laureles. Por eso la pintura, la música, la poesía crecen en la aridez, respaldadas por la rara mezcla que entregan el sustrato indígena y la colonización galesa.”
Con esta patética introducción comienza el suplemento especial dedicado a Chubut de la revista Eñe de Clarín, del pasado 11 de marzo de 2006. Lo que parece solamente un epígrafe se transforma en la reafirmación de la hegemónica política cultural que ha dispuesto que los hacedores permanezcan en la mas absoluta soledad. Chubut, desde su génesis, es una provincia surgida de la división política del territorio nacional y después Gobernación de Comodoro Rivadavia. Ese territorio era una franja que abarcaba en su totalidad el Golfo San Jorge y se extendía hacia la cordillera, pero sus riquezas eran tales que algún iluminado observó que lo mejor era partirla en dos y así es como Comodoro Rivadavia se suma a la provincia del Chubut, nombre que no la representa puesto que es el nombre de un río que no le da de beber, ni le da energía, ni siquiera la alimenta con los frutos que a sus riberas riega, y ni que hablar de las postergaciones políticas.
El corresponsal de Clarín habla de las grandes distancias y la vastedad del territorio pero no dice distancias entre qué o quienes, no se sabe si esto es respecto de Buenos Aires, o si es entre las propias ciudades del Chubut. Y como si esto fuera poco dice que “marcan en Chubut una soledad cultural paradójica”, y agrega que la paradoja está en que se produce pero no llega a difundirse lo que contribuye a la libertad expresiva. Resulta imbécil pensar que es bueno no vincularse a las industrias culturales y perder difusión en pos de lograr libertad de expresión.
¿De qué sirve esa libertad de expresión entre comillas si no hay quien pueda evaluarla?
¿Para que la libertad de expresión si no hay receptores de tal manifestación?
Sin difusión la tarea del artista está velada, amordazada, y al crecer sin tener un destinatario, ¿para qué crece, mejora y es libre, si no llega a nadie, si no le sirve nada mas que a un determinado grupo de elegidos?
Esta soledad de la que habla a modo de editorial (supongo que Carlos Guajardo, corresponsal de Clarín en Chubut) no es otra cosa que el resultado de la aplicación de la política cultural del desaliento a los hacedores. En Chubut es política de estado el procurar que los hacedores no puedan vivir de su arte (y se incentiva el amor al arte), no hay políticas de apoyo institucional, y silenciosamente han fallecido los eventos culturales que pretendían salirse del cono de sombras con un fósforo en la mano.
Culturas del Sur del Mundo, el Encuentro Patagónico de Escritores, la Feria de la Palabra, la Semana de las Artes, las Jornadas de Literatura Patagónica, entre otros, ya no figuran en los calendarios culturales de la provincia y esto no tiene que ver con las grandes distancias ni la vastedad de territorio ni con la difusión ni con la libertad expresiva.
La voluntad creativa no reemplaza la ausencia de laureles, incluso dice Juan Gelman en el propio cuerpo de la revista Eñe que “ningún elogio o premio escribe por vos”. No es a los laureles a los que aspira quien esta creando en el medio del sur. La voluntad creativa se alimenta muchas veces, con comentarios como los de Guajardo en línea con el discurso vacío de los funcionarios gubernamentales que sustentan su inacción en esos nuevos viejos mitos. La voluntad creativa crece en ese desierto impuesto desafiando a los que creen que los hacedores son bohemios, vagos o borrachos.
Y como si fuera poco nos hace hijos del extraño matrimonio entre el invasor galés y los nativos tehuelches invadidos a su vez por los mapuches. El sustrato indígena seguramente está en la visión del hombre respecto a aquella aridez y las dificultades para la supervivencia pero decididamente no es en Comodoro Rivadavia donde la cultura mapuche tehuelche y mucho menos la galesa, han tenido incidencia a la hora de la creación (dudo que lo sea para Chubut en forma decidida). Nada mas lejos de la realidad el pretender que en Chubut la cultura tenga esos padres o esos ascendientes. Contados con los dedos son aquellos que pueden comprender el mapuzungun y menos los que pueden entablar una conversación o incluso crear a partir de la cultura mapuche que, dicho sea de paso, no es originaria del Chubut. Y si de dedos hablamos también son muy pocos los que pueden hablar en galés y defender en ese idioma el Eistedfodd (en galés significa “estar sentado”) y con el cual se denomina a un Festival que reúne diversas ramas del arte y premia a los que hacen en un idioma u otro. Claro está que los idiomas que premia el Eistedfodd son el galés y el español, pese a que la leyenda habla de que en 1865 a la llegada del Mimosa los originarios habitantes de la tierra los recibieron amistosamente.
Muchos de los hacedores del arte en la provincia tienen otra impronta que está mas cerca de la otra inmigración, la de los españoles o italianos, incluso la migración interna fruto de la llegada de catamarqueños, tucumanos, cordobeses, riojanos, jujeños, que vinieron al sur en busca de trabajo a principios y mediados del siglo pasado. Allí la mixtura y la formación de un pueblo que aún procura su identidad en un país que la ha perdido, y que la seguirá perdiendo si los de acá, los que están en contacto permanente con la gente y que tienen la oportunidad de defender la idiosincrasia, la historia, el idioma y el arte de su pueblo escriben lo que escriben en los medios nacionales.
Pensaba en que la Eñe, como Clarín, llega a todo el país e incluso a diversos puntos en el extranjero, y me imaginaba a un jujeño, a un colombiano, a un español o a un exiliado argentino en Rusia, descubriendo que en la provincia del Chubut la cultura esta signada por la rara mezcla del sustrato indígena y la colonización galesa. Y también pensaba que el silencio de quienes conocen la verdad contribuye a la afirmación de lo que algunos pretenden crear y que suele estar emparentado con el negocio, el establecimiento de un canon o bien un posicionamiento que solo importa al turismo. En pos de reivindicaciones recomiendo visitar las llamadas reservas indígenas en las que los “reivindicados” padecen la aridez de la política gubernamental o el silencio solo quebrado por el viento, el más antiguo de los habitantes de la tierra que, a esta altura, me cuesta denominar Chubut.

Rubén Eduardo Gómez

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