22 nov. 2006

Ana María y Héctor



por Mex Urtizberea

El mundo era el mundo, tal cual uno lo conoce.

Era el martes 7 de noviembre de 2006.

En un tribunal oral de Esquel, Chubut, acababa de declarar el primer testigo en el caso del crimen de un joven de 27 años, Mariano Drew, hijo de Ana María Suárez, docente, presente en el juicio.

En el banquillo de los acusados estaba Héctor Fabián Chávez, un chico de 25 años que se crió sin su madre, que sufrió tempranos abusos sexuales, que estuvo internado en varios institutos de menores, que es adicto al alcohol, que reconoció en el juicio haber matado al hijo de Ana María.

El mundo era el mundo, tal cual uno lo conoce.

Pero entonces ocurrió.

Ocurrió que el martes 7 de noviembre de 2006 el mundo fue, por unos minutos, otro mundo.

Otro mundo.

Quien sabe si uno mejor o peor, si más justo o menos justo, si más ejemplar o menos ejemplar, pero el mundo fue en un momento del martes 7 de noviembre de 2006, otro mundo.

Y fue cuando Ana María Suárez se levantó de su silla y se acercó al acusado, Héctor.

Y le dijo lo que le dijo.

Le dijo que lo perdonaba.

Le dijo que no quería que sufriera.

Le dijo que en esta tierra hay mucha violencia y que él fue víctima de esa violencia desde que nació.

Le dijo otras cosas, le regaló un rosario, para que lo acompañara toda la vida, y después no dijo nada más.

Entonces los dos, ella y él, se abrazaron.

Y los dos, ella y él, abrazados, se pusieron a llorar.

Desconsoladamente.

Ana María y Héctor.

Mientras, los jueces los miraban como quien mira algo que parece de otro mundo.

Mientras, en la sala colmada de público sólo se oía un silencio de otro mundo.

Mientras, un fotógrafo tomaba una foto de algo que nunca pasa en este mundo.

El mundo fue efectivamente otro mundo por unos minutos.

Otro mundo.

Quién sabe si uno mejor o peor, si más justo o menos justo, si más ejemplar o menos ejemplar, pero el mundo fue, en un momento del martes 7 de noviembre de 2006, otro mundo.

Y después de unos minutos el mundo volvió a ser el mundo. El hijo que tanto amaba Ana María no volverá a estar vivo, el acusado Héctor Fabián Chávez pasará nueve años en la cárcel, según acaba de dictaminar el tribunal. El mundo volvió a ser el mundo, la tierra a la que hizo referencia Ana María, en la que hay mucha violencia, y hay secretas víctimas que la padecen desde que nacen, que a veces se convierten en victimarias y a veces no. Y así seguirá siendo, hasta que este mundo sea otro mundo no por un instante, sino todo el tiempo.

Mientras, sólo queda el recuerdo de cuando el mundo fue unos minutos otro mundo, el día que Ana María Suárez abrazó al chico que mató a su hijo.

La Nación, 17/11/2006

1 comentario:

  1. Es bien conmovedor saber que en el mundo hay seres humanos con tanta nobleza, asi como lo hizo ANA MARIA, lograr abrazar a la persona que le arrebato la vida a su hijo, quiza fue en un momento de desestabilidad emosional de Hector y luego seguramente se arrepintio, pero ya era demasiado tarde y la vida es algo irreversible, alli seguramente en esa cárcel tendrá otro purgatorio,ya que estas cárceles están llenas de malos tratos y de abusos de presos y de los mismos guardias y autoridades, deberian realizar más analisis psicomentales a los seres humanos y se evitaria tanta agresión, fortalecer las familias se incrementaria la unión el deseo de superación y ayuda, disminuirian los centros cárcelarios, se que el dolor de Ana María es inmenso, ya que hace unos años perdimos a un hermano, tan solo espero que este gesto tan lindo que tuviste te llene de fortaleza y te de valor para aprender a vivir con el recuerdo de tu hijo y no llenarsse de rencor.Al mundo entero nos diste una gran lección.

    Un abrazo desde Colombia. olguis

    ResponderEliminar