22 dic. 2013

El perro

Este perro no muerde. Araña la puerta. Clava las garras en el lomo de los otros perros. 
No es rabioso, ni siquiera lo hace por su comida. No es miedo. Es su esencia. Babea y ladra para adentro hasta ahogarse con el humo del cigarrillo. 
Cruel devora corderos, devora pastores. 
El alarido del perro que se mete entre en las piernas del amo, la hierve la sangre a cualquiera, porque se lo sabe desbocado, a la orden de quien exhiba las cadenas. 
Agachados, desgarbados,doblando las patas, caminan se desplazan cabeza gacha, sin mirar a las presas pateando para sumar presencia. 
Si los hay iguales, no creo que los una la especie sino el espanto. Hincha el lomo y oscuro, revuelve la carroña de los demás, fomenta la jauría que mirará detrás de un vidrio. 
                                                        No tengo miedo, solo tristeza por aquel que no se reconoce.

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